martes, 12 de septiembre de 2006

Distancia, ilusión, esperanza

Es curioso. Todavía no había hablado de ti... Quizás es porque he estado hablando contigo. Así que no había tenido tiempo de pensar, de estar a solas conmigo. De plantearme lo que me haces sentir. De aceptar que eres una ilusión.

Me duele la distancia. Pero no la puedo evitar. No está en mis manos, como tantas otras cosas en este mundo. Maldita distancia, que no me permite estar donde quiero estar. Con quien quiero estar.

Mantengo intacta la esperanza. El deseo de poder llegar a ti. De poderte tocar. De besarte. De poderte decir al oído, bajito y despacio, todas las cosas que deseo decirte. Para que me envuelvas con tu magia. Para que sigas sacando de tu sombrero esos retazos de ilusión con la que me alimentas a diario.

¿Eres algo o no eres nada? Ya no lo sé. Ni sé si existes o te inventé... Pero, aunque no te necesite, quiero que estés en mi vida. Porque me siento bien. Porque me siento grande. Porque me siento vivo. Porque vuelvo a estar ilusionado. Porque esta sensación es más fuerte que una droga.

Quizás algún día llegue a quererte. Quizás, con suerte, ese día llegues tú a quererme también a mí. De momento, todo lo que tengo es distancia, ilusión... y esperanza. Maldita distancia. Benditos aviones. Ojalá podamos robarle unos instantes al tiempo. Y compartir ese momento especial. Ese paseo por la playa. Sentarnos en la arena. Y sentir la felicidad.

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