lunes, 02 de octubre de 2006

El viejo cine

Ayer paseé por nuestro antiguo barrio. Todo parecía igual. Pero todo sonaba distinto. El sonido de mis pasos contra el asfalto no tenía respuesta. Me faltaba algo familiar. Algo que siempre había estado allí. Sentí tu vacío a mi lado. Por primera vez en mucho tiempo, te eché de menos.

Sí, aunque no me cansé de jurarte que no habría segunda parte, lo sé. Pero me faltaste tú.

Pasé frente a nuestro antiguo piso. Me quedé contemplando el balcón, con la cabeza mirando a lo alto. Esperando, como un tonto, a que se abrieran las puertas y aparecieras tú. Quise imaginarme, como un capricho, que los que ahora vivan allí son tan felices como nosotros pudimos serlo.

¿Sabías que han cerrado nuestro cine? Ahora está en venta. Alguien lo comprará, demolerá el edificio y construirá cualquier otra cosa.

Y bajo los escombros quedaran nuestras primeras salidas juntos. Nuestras peleas ante la taquilla por ver qué película íbamos a ver. Nuestras discusiones al salir de la sala porque no nos había gustado el final.

Y entre los cascotes, quizás, alguien pueda encontrar algún día el recuerdo de aquellas veces en las que, al amparo de la oscuridad, apretaba mi rodilla contra la tuya y tú te morías de vergüenza por si nuestros vecinos de butaca descubrían lo que estábamos haciendo...

Me sentí solo. Enmedio de la acera, ante aquel cine cerrado. Contemplando tu cara. Cuando todavía podías jurar que me querías.


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