lunes, 16 de octubre de 2006

Carta al amante que viene después de mí

No hay pelea posible. Ni me lo planteo. No lucho ya más por él. Yo me quedo con mi soledad y te dejo a ti todo lo demás. Todo lo que ya no espero. Te cedo el espacio que me correspondía y el tiempo que debería haberme dedicado. Te dejo sus ojos y sus labios. Su cuerpo. Te cedo los besos que no quiso darme. Te regalo las pocas sonrisas que pude arrancarle.

Y te cedo los ronquidos y esa manía de dormir en medio de la cama, sin dejarte sitio a ti. Y su tendencia a beber más de la cuenta y los dolores de cabeza al día siguiente de haber salido.

Te dejo el juego sucio, la crueldad y sus palabras brutales. Su lengua deslenguada. Sus medias verdades. Las mentiras que sólo él se cree.

Te dejo sus verdades absolutas, su opresión. Y esa encantadora tendencia a anularle la personalidad a todo aquel que se le acerca.

Y te dejo también sus silencios. Todas esas palabras de aliento que nunca me daba. Todos los versos de amor que se guardó para si mismo, si es que alguna vez se los inspiré.

Pero, sobretodo, te dejo las dudas. Ahora serás tú quien se pregunte si te ama o no.


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