Reaparición
No tienes derecho a preguntarme por mi dolor. No tienes derecho a volver a aparecer en mi vida, como si nada hubiese sucedido. Me mandas un mensaje al móvil. "Espero haberte hecho el menor daño posible". ¿Cómo llamas tú a eso? ¿Daños colaterales?
No sé si es grande o pequeño. Sólo sé que es mi dolor. Y por eso me duele, porque es mío.
Te quise lo suficiente como para llorar por ti, a pesar de que me había jurado que no lo haría. No te preocupes. Eso no es culpa tuya, sino mía, por haberme permitido la licencia.
Pero ahora no te quiero en mi vida. Soy feliz de nuevo. Vuelvo a volar de nuevo. Y esta vez en compañía. Si me caigo, sé que él me cogerá de la mano. Lo tuyo siempre fue un suponer...
Pero es igual, no quiero compararte. Ni eso te mereces. No tenemos ya nada de que hablar. Espero no volverte a ver. Porque no me haces falta. Porque no te necesito. Porque no me apetece.
Espero que seas feliz. Eso sí. Si consigues madurar. Si consigues no ir por ahí jodiendo la vida a la gente y preguntando después si dolió. A mí no me lo volverás a hacer más. Porque no tienes derecho a preguntarme por mi dolor. Ni a pedir ningún tipo de disculpas que te ayuden a dormir mejor por la noche.
No obtendrás respuesta. Te hablo desde el rencor. Soy idiota por permitirme sentir rencor por alguien que no lo merece, es cierto. Así que quédate para siempre con la duda. Espero que te pinche, espero que sea punzante, espero que te duela. Nunca sabrás la verdad por completo. Siempre te quedará un resquicio, un punto flaco, un fleco, una puerta sin cerrar. Ésa es mi venganza... He decidido permitirme el capricho: al fin y al cabo, yo sí puedo dormir por las noches.
No sé si es grande o pequeño. Sólo sé que es mi dolor. Y por eso me duele, porque es mío.
Te quise lo suficiente como para llorar por ti, a pesar de que me había jurado que no lo haría. No te preocupes. Eso no es culpa tuya, sino mía, por haberme permitido la licencia.
Pero ahora no te quiero en mi vida. Soy feliz de nuevo. Vuelvo a volar de nuevo. Y esta vez en compañía. Si me caigo, sé que él me cogerá de la mano. Lo tuyo siempre fue un suponer...
Pero es igual, no quiero compararte. Ni eso te mereces. No tenemos ya nada de que hablar. Espero no volverte a ver. Porque no me haces falta. Porque no te necesito. Porque no me apetece.
Espero que seas feliz. Eso sí. Si consigues madurar. Si consigues no ir por ahí jodiendo la vida a la gente y preguntando después si dolió. A mí no me lo volverás a hacer más. Porque no tienes derecho a preguntarme por mi dolor. Ni a pedir ningún tipo de disculpas que te ayuden a dormir mejor por la noche.
No obtendrás respuesta. Te hablo desde el rencor. Soy idiota por permitirme sentir rencor por alguien que no lo merece, es cierto. Así que quédate para siempre con la duda. Espero que te pinche, espero que sea punzante, espero que te duela. Nunca sabrás la verdad por completo. Siempre te quedará un resquicio, un punto flaco, un fleco, una puerta sin cerrar. Ésa es mi venganza... He decidido permitirme el capricho: al fin y al cabo, yo sí puedo dormir por las noches.

