Fracasos
No es el uno ni el otro. Son los fracasos. Eso es lo que me muerde por dentro. Lo que me impulsa a escribir. Una buena terapia para el alma, desde luego.
Poco a poco voy borrando esos fracasos de mi mente. Con ayuda, por supuesto. Cada vez me atormentan menos. Aunque todavía me duele haber fracasado donde otros también lo han hecho. Haber salido vencido cuando pensé que podría triunfar.
No echo de menos una piel en particular, ni una mirada o unos ojos concretos. No necesito que se repitan ciertas palabras o revivir recuerdos almacenados. No es eso. Tengo grandes cosas entre mis manos. Tengo una nueva piel que acariciar, unos ojos en los que perderme. Una mirada que me lo dice todo. Invento palabras nuevas a diario. Y moldeo recuerdos que, lentamente, van ocupando los espacios vacíos en mi cerebro.
Pero los fracasos siguen ahí. Lo que más duele. Lo que más se echa de menos, sin ningún sentido. Lo que nunca se tuvo. Lo que pudo haber sido y no fue.
Poco a poco voy borrando esos fracasos de mi mente. Con ayuda, por supuesto. Cada vez me atormentan menos. Aunque todavía me duele haber fracasado donde otros también lo han hecho. Haber salido vencido cuando pensé que podría triunfar.
No echo de menos una piel en particular, ni una mirada o unos ojos concretos. No necesito que se repitan ciertas palabras o revivir recuerdos almacenados. No es eso. Tengo grandes cosas entre mis manos. Tengo una nueva piel que acariciar, unos ojos en los que perderme. Una mirada que me lo dice todo. Invento palabras nuevas a diario. Y moldeo recuerdos que, lentamente, van ocupando los espacios vacíos en mi cerebro.
Pero los fracasos siguen ahí. Lo que más duele. Lo que más se echa de menos, sin ningún sentido. Lo que nunca se tuvo. Lo que pudo haber sido y no fue.

