lunes, 30 de octubre de 2006

Capaz de todo

Me dejé convencer. Me dejé engañar.

Llegué a adorar tu vanidad, a venerarte sin parar... sin darme cuenta de que no eras más que otro ídolo con pies de barro.

Un simple humano con pose divina. Nada más.

Enloquecí... Me dejé enloquecer. Y llegué a suplicarte hasta llorar. Con el rostro cubierto de lágrimas, con los ojos hinchados. Ridículamente sentado en el suelo...

Eso fue antes.

Cuando por ti hubiera sido capaz de todo.


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