Al final del arcoiris
Hoy ha sido el Rainbow Day, algo así como un Día del Orgullo Gay. Por estos lares, como ya ocurre con el propio 28 de junio, el día del orgullo se ha convertido en una excusa más para que los locales de ambiente hagan caja (y hay discotecas que celebran fiestas especiales para celebrar un día que, por otro lado, aquí no tiene la más mínima tradición ni el más mínimo sentido reivindicativo).
Pero no es así en todas partes. El caso es que un grupo de valientes israelíes -desde luego, valientes han sido- decidieron celebrarlo y reivindicarlo. El gobierno de Israel prohibió explícitamente que se celebrara este día. El resultado: todos han pasado la noche en el cuartelillo. Bueno, en lo que sea que tengan en Jerusalén que sea equivalente a nuestro cuartelillo patrio.
En fin. Mi más sincera felicitación al gobierno de Israel. Una vez más, lo han clavado. Siguen por el buen camino y dentro de poco serán los malos del mundo, junto con nuestro adorado George W. Bush.
Pero mención especial merece el estimadísimo Benedicto XVI. El Vaticano instó al gobierno israelí para que no se pudiera celebrar en Jerusalén el Rainbow Day.
Magnífico. No sólo vuelven a demostrar su patente homofobia sino que, una vez más, dejan al descubierto su hipocresía. Porque, por lo menos hasta donde yo sé, el Vaticano no le ha dicho al gobierno de Israel nada al respecto de las matanzas (de civiles, no lo olvidemos) que están llevando a cabo en los territorios ocupados de Gaza.
Pues eso. A leer entre líneas. Que hoy hay golpecito en la espalda para todos...
Pero no es así en todas partes. El caso es que un grupo de valientes israelíes -desde luego, valientes han sido- decidieron celebrarlo y reivindicarlo. El gobierno de Israel prohibió explícitamente que se celebrara este día. El resultado: todos han pasado la noche en el cuartelillo. Bueno, en lo que sea que tengan en Jerusalén que sea equivalente a nuestro cuartelillo patrio.
En fin. Mi más sincera felicitación al gobierno de Israel. Una vez más, lo han clavado. Siguen por el buen camino y dentro de poco serán los malos del mundo, junto con nuestro adorado George W. Bush.
Pero mención especial merece el estimadísimo Benedicto XVI. El Vaticano instó al gobierno israelí para que no se pudiera celebrar en Jerusalén el Rainbow Day.
Magnífico. No sólo vuelven a demostrar su patente homofobia sino que, una vez más, dejan al descubierto su hipocresía. Porque, por lo menos hasta donde yo sé, el Vaticano no le ha dicho al gobierno de Israel nada al respecto de las matanzas (de civiles, no lo olvidemos) que están llevando a cabo en los territorios ocupados de Gaza.
Pues eso. A leer entre líneas. Que hoy hay golpecito en la espalda para todos...

