El cepillo de dientes azul
No sé muy bien qué le pasa al cepillo de dientes azul. Últimamente, cuando entro al baño, lo veo ahí, cabizbajo, entristecido, apático, perdido dentro de su vaso de plástico. Ya no sonríe ni mueve las cerdas con alegría cuando me ve. Ya no se estira para que lo acaricie. Se está amohinando.
Su compañero inseparable, el cepillo de dientes verde, intenta animarle. Tienen largas charlas nocturnas, en las que el cepillo verde -que no soporta verle así- le pregunta qué le pasa. Pero el cepillo azul no responde, no dice nada, no quiere hablar. Simplemente suspira, agacha un poco más la cabeza y se echa a llorar.
Y sé que todo esto está empezando a afectar al cepillo de dientes verde. Cada vez está más alicaído. Creo que va por el mismo camino que el otro.
¿Sabes? Me parece que el cepillo de dientes azul te echa de menos. Supongo que le pasa como a mí. Quiere que vengas. Quiere que estés por aquí. Imagino que no deja de preguntarse cuándo vas a volver. Me gustaría tener la respuesta... para poder animar al pobre cepillo de dientes azul.
Su compañero inseparable, el cepillo de dientes verde, intenta animarle. Tienen largas charlas nocturnas, en las que el cepillo verde -que no soporta verle así- le pregunta qué le pasa. Pero el cepillo azul no responde, no dice nada, no quiere hablar. Simplemente suspira, agacha un poco más la cabeza y se echa a llorar.
Y sé que todo esto está empezando a afectar al cepillo de dientes verde. Cada vez está más alicaído. Creo que va por el mismo camino que el otro.
¿Sabes? Me parece que el cepillo de dientes azul te echa de menos. Supongo que le pasa como a mí. Quiere que vengas. Quiere que estés por aquí. Imagino que no deja de preguntarse cuándo vas a volver. Me gustaría tener la respuesta... para poder animar al pobre cepillo de dientes azul.


