Día festivo
Día de fiesta. ¿Sirve de algo si tú no estás aquí? Sería mejor tener algo que hacer. Ir a trabajar. Salir temprano, sentir el frío en la cara, hacer el tonto con el vaho producido por mi aliento. Recorrer el mismo camino exacto que todos los días recorro.
Hoy no hace falta madrugar. Pero lo he hecho. La cama no tiene interés si tú no estás en ella, regalándome tu calor. La almohada es sólo un trozo de tela si no tiene impregnado tu olor.
El desayuno no es ese gran momento y los diarios sólo traen malas noticias. El sol no va a brillar con fuerza hoy. La temperatura no va a ser agradable. El cielo amenazará lluvia. O tristeza. O soledad.
Pero si vinieras, si tú vinieras aquí. Si estuvieras a mi lado. Si compartieras los minutos de este día festivo... Todo sería muy diferente. La cama sería el refugio inventado por dos niños que juegan.
El desayuno sería una charla alegre trenzada con risas y miradas cariñosas. Los periódicos sólo hablarían de enamorados que quieren entregarse. De animales que hacen cosas divertidas. De niños felices que curan de sus enfermedades. De niñas alegres que han conseguido un futuro mejor.
El día sería estupendo. El sol vendría a vernos jugar. Y el cielo nos regalaría un azul intenso. Las nubes correrían a esconderse tras las montañas por miedo a estropearnos la mañana.
El perro ladraría con fuerza para llamar la atención. Para que dejáramos de mirarnos. Ladraría con ganas, para que saliésemos juntos a pasear, a jugar con las hojas caídas y correr por el césped.
Y no habría después o futuro o "mañana tengo que ir a trabajar". Sólo contaría el ahora. El aquí. El junto a ti. Un instante sería siempre. Sentiría pasar ante mí toda una vida sólo con mirarte. Sólo con que me miraras. Y un beso tuyo desvelaría el misterio del sentido de mi vida.
Y el día de fiesta sería, de verdad, un día festivo.
Hoy no hace falta madrugar. Pero lo he hecho. La cama no tiene interés si tú no estás en ella, regalándome tu calor. La almohada es sólo un trozo de tela si no tiene impregnado tu olor.
El desayuno no es ese gran momento y los diarios sólo traen malas noticias. El sol no va a brillar con fuerza hoy. La temperatura no va a ser agradable. El cielo amenazará lluvia. O tristeza. O soledad.
Pero si vinieras, si tú vinieras aquí. Si estuvieras a mi lado. Si compartieras los minutos de este día festivo... Todo sería muy diferente. La cama sería el refugio inventado por dos niños que juegan.
El desayuno sería una charla alegre trenzada con risas y miradas cariñosas. Los periódicos sólo hablarían de enamorados que quieren entregarse. De animales que hacen cosas divertidas. De niños felices que curan de sus enfermedades. De niñas alegres que han conseguido un futuro mejor.
El día sería estupendo. El sol vendría a vernos jugar. Y el cielo nos regalaría un azul intenso. Las nubes correrían a esconderse tras las montañas por miedo a estropearnos la mañana.
El perro ladraría con fuerza para llamar la atención. Para que dejáramos de mirarnos. Ladraría con ganas, para que saliésemos juntos a pasear, a jugar con las hojas caídas y correr por el césped.
Y no habría después o futuro o "mañana tengo que ir a trabajar". Sólo contaría el ahora. El aquí. El junto a ti. Un instante sería siempre. Sentiría pasar ante mí toda una vida sólo con mirarte. Sólo con que me miraras. Y un beso tuyo desvelaría el misterio del sentido de mi vida.
Y el día de fiesta sería, de verdad, un día festivo.

