lunes, 11 de diciembre de 2006

Vete, no te vayas

Él me llamó ayer. He estado pensando en si valía la pena comentarlo aquí o no. Seguir fomentando la leyenda o, simplemente, concederle la poca importancia que pareció tener.

El caso es que llamó ayer. Yo no había vuelto aún a casa. Encontré el mensaje en el contestador. "He llamado para ver cómo estabas. Te llamo más tarde, aunque dentro de un rato voy a salir".

Eran casi las once de la noche cuando escuché los mensajes del contestador, así que pensé en devolverle la llamada esta noche.

Sin embargo, esta tarde hemos coincidido conectados en el messenger y me ha saludado. Hemos estado hablando un rato. Nada serio. Conversación liviana, que "qué tal el fin de semana largo?", que "vaya, ya ha empezado a nevar y podré ir a esquiar"... eso él, que conste, yo me planto unos esquís y me rompo una pierna.

Desde luego, nada más serio ni profundo. No vaya a ser que haya que afrontar cosas que no nos gusta (no le gusta) afrontar.

Hasta que, al final, me he dicho que iba a desconectarse porque tenía cosas que hacer.

"No te vayas" y "Vete", he pensado en ese momento. No necesariamente por ese orden. Simplemente, ambos pensamientos han venido a mi cabeza como un todo.

Lo dicho. Que no vale la pena darle vueltas. Es darle más importancia de la que tiene, sinceramente. Sigo pensando que le falta un hervor. Y saber lo que quiere en realidad.


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