Los que están ahí cada día
He hablado de mucha gente. Principalmente hombres. Vale, ahora es cuando suena la canción esa de "tengo una debilidad". Bueno, pues al ritmo de la voz aflautada de Machín, sigo con lo que estaba diciendo.
He hablado de mucha gente, decía. Pero hay dos personas muy importantes a las que no les había dedicado todavía un artículo. Supongo que porque son dos de las presencias más constantes en mi vida. De hecho, son los que están ahí cada día.
Tengo la suerte de que mis dos compañeros de trabajo son, además, grandes amigos míos. Nos vemos todos los días (de lunes a viernes, que uno trabaja por amor al arte pero descansa los fines de semana), hablamos muchísimo (8 horas juntos dan para grandes conversaciones), nos reímos a menudo y hemos compartido más de un café y alguna que otra comida (me refiero a que hemos ido a comer juntos, ¡mentes sucias!).
Mi amiga hippy (aunque ella odia que la llame así) es toda una mujer, además de un ser dulce e inteligente que me ha dado algunos de los mejores consejos de mi vida. Me meto con ella todo el rato. La llamo de todo menos bonita... Y ella sabe que eso es porque me importa.
Mi amigo futuro papá (al que dentro de unos meses tendré que cambiarle el apodo) es un tío inteligente y que, definitivamente, sabe escuchar. Y tiene un sexto sentido especial para detectar como nadie mis estados de ánimo... Eso sí, si algún día se decide a cruzar la calle y pasearse por esta acera, sabe que conmigo lo tiene todo perdido porque, como me he encargado de decirle alguna que otra vez, no es mi tipo.
Bueno, par de cabronazos, ahora que ya tenéis la dirección del blog y que este artículo está dedicado a vosotros, a ver si dejamos de preguntar tonterías y, cuando tengáis dudas, venís aquí, que es como el manual de instrucciones de un servidor.
Gracias por leerme. Y eso va para todos, absolutamente todos, los que me leéis.
He hablado de mucha gente, decía. Pero hay dos personas muy importantes a las que no les había dedicado todavía un artículo. Supongo que porque son dos de las presencias más constantes en mi vida. De hecho, son los que están ahí cada día.
Tengo la suerte de que mis dos compañeros de trabajo son, además, grandes amigos míos. Nos vemos todos los días (de lunes a viernes, que uno trabaja por amor al arte pero descansa los fines de semana), hablamos muchísimo (8 horas juntos dan para grandes conversaciones), nos reímos a menudo y hemos compartido más de un café y alguna que otra comida (me refiero a que hemos ido a comer juntos, ¡mentes sucias!).
Mi amiga hippy (aunque ella odia que la llame así) es toda una mujer, además de un ser dulce e inteligente que me ha dado algunos de los mejores consejos de mi vida. Me meto con ella todo el rato. La llamo de todo menos bonita... Y ella sabe que eso es porque me importa.
Mi amigo futuro papá (al que dentro de unos meses tendré que cambiarle el apodo) es un tío inteligente y que, definitivamente, sabe escuchar. Y tiene un sexto sentido especial para detectar como nadie mis estados de ánimo... Eso sí, si algún día se decide a cruzar la calle y pasearse por esta acera, sabe que conmigo lo tiene todo perdido porque, como me he encargado de decirle alguna que otra vez, no es mi tipo.
Bueno, par de cabronazos, ahora que ya tenéis la dirección del blog y que este artículo está dedicado a vosotros, a ver si dejamos de preguntar tonterías y, cuando tengáis dudas, venís aquí, que es como el manual de instrucciones de un servidor.
Gracias por leerme. Y eso va para todos, absolutamente todos, los que me leéis.

