Las puñeteras Navidades
No sé si es que me estoy haciendo viejo o es que los que se han hecho viejos son mis padres. El caso es que ya no tengo aguante (ni ilusión): las Navidades han sido un desastre. Creo que no sirvo para reuniones familiares. No me sale eso de ser hipócrita. Me llevo visceralmente mal con algunos de mis parientes. Y son precisamente esos "algunos" a los que mi madre tiene un especial aprecio. Así que es como un callejón sin salida. Y no seré yo quien le haga escoger.
Yo soy más de encuentros porque sí, de "mamá, esta tarde voy a ir a veros porque me apetece".
En fin, lo dicho, que las Navidades han sido un desastre. La Nochebuena, terrible. El día de Navidad, tenso. La Nochevieja, triste... y encima me he dejado liar para estar otra vez el día de Reyes en casa de mis padres. No, si es que no aprendo. Me pasaré todo el día rezando para que aparezca Jack Skeleton y les joda el día a todos. Encima de renegado, cabrón. Si es que me amargan estos días...
¿Por qué será que, el día 7 de enero, cuando todo ha acabado, siempre digo que odio la Navidad? ¿Y por qué será que en noviembre ya no me acuerdo de lo mucho que odio la Navidad y la espero con ilusión?
Por suerte, y para contrastar, he vivido los cuatro días más felices de mi vida... y los días que están por llegar serán también felices. Ya me encargaré yo de ello. Y con los pies en el suelo, aunque parezca lo contrario.

