El armario
La "prestigiosa" revista norteamericana The National Enquirer acaba de publicar una lista de algunos famosos que son gays aunque no lo han hecho público. Bueno, eso es lo que dice la revista..., perdón, la "prestigiosa" revista.
A uno se le hinchan un poco los cojones de que se utilice la opción sexual de las personas como arma arrojadiza. Que Salma Hayek o Penélope Cruz sean o no lesbianas no las va a convertir en mejores o peores actrices.
Últimamente parece que salir del armario más que una elección es una obligación. Cada uno que haga en su casa y con su vida lo que quiera. ¿Por qué se presiona a los homosexuales para que hagan pública su condición? ¿Acaso se les pide a los heterosexuales que digan abiertamente que lo son? ¿Se les pide a los votantes de determinado partido que lo digan? ¿Se les pide a las personas que dejen claro su credo, religión, creencias?
Por eso (entre otros muchos motivos que no vienen al caso) me gusta Robbie Williams: corren rumores sobre su supuesta homosexualidad. Y el tío se caga en todos; su respuesta es lanzar balones fuera, jugar al disimulo o dejar pistas, falsas o no, en sus canciones. Porque, al fin y al cabo, mientras siga haciendo buena música, a mí me la trae floja con quien se meta el bueno de Roberto en la cama.
O como Miguel Bosé, otro damnificado de la tendencia abusiva al outing: tanto él como su madre han dejado clarito que Miguel no va a salir del armario porque en su casa siempre han tenido vestidor. Aunque, para rizar el rizo, dicen de él que es bi. Bueno, pues mejor para él. Pero, ¿de verdad importa?
Lo del outing es la hostia. Esa manía de sacar a la gente del armario a empujones. ¿No somos ya mayorcitos para saber cómo tenemos que llevar nuestra propia vida? Pues entonces, ¿a qué viene esa obsesión por ir con el Dymo en la mano poniéndole etiquetas a todo y a todos?
Sí, porque los fanáticos del outing no son más que eso: fanáticos. Hay quien hace de temas como la religión o la política su causa. Y luego están los del outing, que hacen de la homosexualidad su causa, su bandera y el centro de su vida.
Antes estuvo muy de moda entre los heterosexuales eso de "Sí, yo tengo muchos amigos gays". Ahora hay muchos gays que dicen "Sí, yo tengo amigos heteros".
Mire usted, yo a mis amigos no les pregunto con quién se meten en la cama y, mucho menos, lo que hacen cuando están en posición horizontal. No valoro a las personas por cómo son ante el mundo, sino por cómo son conmigo.
Yo no soy gay. O, por lo menos, no sólo soy gay. Soy novio, soy hijo, soy amigo, soy compañero de trabajo... Desde luego, qué triste es la vida de quien única y exclusivamente es gay. Yo soy, ante todo, una persona.

