Paternidad
Todo este revuelo que se ha formado por lo de la gaditana que ha tenido gemelos a los 67 años me ha hecho pensar. Desde luego, el caso ha sido el centro de multitud de conversaciones. Personalmente, es algo que he podido comentar con mi marido, mis compañeros de trabajo, mi madre...
La reflexión principal de la mayoría de gente es si Carmela ha obrado bien: que si ha arriesgado su salud y la de los niños, que si es posible que los niños se queden huérfanos a muy temprana edad... El caso es que todo se centraba en un único punto: si era o no era buena madre.
No es algo en lo que yo vaya a entrar, básicamente porque por un lado ya dejé bastante clara mi admiración hacia ella por haber perseguido su sueño, a pesar de tener mis matizaciones, y por otro porque considero que Carmela va a querer a esos niños con todo el amor que se puede dar en este mundo.
Lo cual me lleva a pensar que, si es por amor, estoy convencido de que yo algún día seré un gran padre. No sé exactamente explicar qué me lleva a pensar eso. Pero el caso es que lo creo.
Primero de todo, y lo más importante, porque he escogido al mejor padre del mundo para criar a nuestro hijo o hija juntos. Yo sé que seré un gran padre. Pero sé que él será todavía mejor padre que yo.
Además, sé lo que quiero en la vida. Sé lo que quiero y no quiero darle a mi hijo o hija. Sé en qué se han equivocado mis padres, mis tíos, algunos de mis amigos que ya han tenido descendencia... Y también sé en qué me podría llegar a equivocar yo.
Y, no nos engañemos, esa información es muy valiosa. Por lo menos constituye un punto de partida que puede servir de ventaja. Aunque también es cierto que criar a un niño es como escribir a mano: se hace con mucho cuidado y mucho cariño, pero nunca sabes cuándo te pueden salir los renglones torcidos o se te puede correr la tinta...
El caso es que ahí estamos. Uno ya empieza a tener edad de sentar la cabeza, pensar en el futuro, tener grandes aspiraciones y grandes proyectos. Y a mí me gustaría probar la paternidad responsable. Y parecerme, por lo menos un poquito, a mis padres...

