Sin tregua
Me alegro de haber recaído y haberme vuelto a enganchar. Hacía demasiado tiempo que no le dedicaba un ratito al vicio antes de dormir. La culpa la ha tenido La tregua de Mario Benedetti. Y desde que lo cogí no he podido parar.
No hay tregua: lo devoro con avidez, expectante aunque calmado. Dejándome contagiar por esa pasividad característica de Martín Santomé. Pero a la vez sabiendo que, quién sabe, en la página siguiente o en la de después, puede haber algo que me haga abrir los ojos de par en par, que me llegue al corazón, que me haga esbozar una media sonrisa.
Es una sensación curiosa. Lo devoro, pero a la vez puedo saborear cada frase, cada palabra... No creo que tarde demasiado en acabarlo. Aunque no me importa. Ya tengo una lista de tres o cuatro títulos más que me van a mantener enviciado.

