viernes, 23 de febrero de 2007

Frágil

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La fragilidad de la vida acecha. Siempre. Y a veces sientes el aliento de la tragedia en tu propia nuca. A veces el drama está lejos y puedes actuar como un simple espectador, pasivo e indolente. A veces, sin embargo, la desgracia está tan cerca que puedes sentir su peso sobre tu espalda.

A veces tengo la sensación de que camino por un precipicio. Un mal paso, un tropiezo, cualquier duda, cualquier titubeo. Cualquier traspiés puede hacerme caer. Y llegar a tocar fondo.

A veces me siento frágil. Quizás porque estoy demasiado solo. O puede ser que me sienta solo porque soy frágil.

Últimamente tengo algunos ratos negros. Las cosas pasan ante mis ojos en gris y en sepia y en marrón. Y yo no puedo mirar ni puedo tocar. Y me balanceo y me balanceo. Y mis rodillas se doblan y mi cuerpo pesa tanto como si estuviera muerto.

Y siento a la puta tragedia respirar tras mi nuca. Lentamente. Como acechando.

Y me gustaría echarme a correr. Pero no puedo.


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