jueves, 01 de marzo de 2007

Como animales

Hay personas que son como animales -con todo el respeto y el cariño hacia los pobres animales. Y como tales se comportan en todas partes. Curiosamente, en los campos de futbol hay, por desgracia, muchos de estos energúmenos...

Ayer hubo incidentes en el partido entre el Betis y el Sevilla. El peor de todos, la agresión al entrenador del Sevilla, Juande Ramos, que fue alcanzado por un objeto contundente -se supone que una botella llena. El impacto lo dejó inconsciente y tuvo que ser trasladado a un hospital. Las imágenes hablan por sí solas.

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Es triste que, en los tiempos que corren y después de todo lo que ya hemos visto, no se hayan desterrado aún de los estadios de futbol la violencia física y verbal -tanto de dentro como de fuera del terreno de juego-, las bengalas, petardos, cohetes y demás pirotecnia variada o el lanzamiento de objetos diversos (mecheros, monedas, botellas llenas o vacías, cabezas de cochinillo...).

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La culpa, por supuesto, es de unos cuantos hinchas -ni siquiera son espectadores o aficionados- incultos, primitivos, brutales, energúmenos y cafres.

Pero la culpa también es de los presidentes y directivos a los que se les calienta la boca y crispan el ambiente previo a un partido de máxima rivalidad (que, en teoría, se tendría que limitar a rivalidad deportiva).

Y la culpa es también de los clubes. Porque ante los grupos de hinchas radicales, que a menudo (mezclando la velocidad con el tocino) defienden determinados colores políticos y ondean determinadas banderas, los clubes -que hace tiempo son, recordémoslo, sociedades anónimas- siguen amparando, apoyando, permitiendo, consintiendo o, simplemente, mirando para otro lado.

La culpa es de todos. Por darle tanta importancia. Por permitir que los partidos de futbol tengan en televisión más audiencia que cualquier otra cosa. Por dejar que el futbol sea el centro de nuestras vidas. Por ver con buenos ojos que personas sin demasiada formación académica y, muchas veces, con poquitas luces ganen fortunas simplemente porque quedan bien en pantalón corto o saben darle patadas espectaculares a un balón.

Y mientras, por poner un ejemplo, hay científicos jóvenes trabajando en investigación y que tienen en su mano futuras vacunas contra enfermedades o hallazgos técnicos, tecnológicos, químicos o médicos que nos permitirán vivir más y mejor. Pero estos tienen que conformarse con becas que dan risa y pena a la vez. En fin, lo de siempre. Que los dineros están muy mal repartidos...


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