sábado, 03 de marzo de 2007

Sábado y soledad

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Porque estoy muy mal acostumbrado. Porque ya se ha convertido en algo cotidiano despertar una mañana de sábado y ver tu rostro muy cerca del mío...

Pero esta mañana tu rostro no estaba. Esta mañana no he podido compartir los cereales contigo y no había nadie con quien hablar mientras desayunaba.

Y no he salido a la calle porque no quería ir solo. Y he comido pasta, como hago casi todos los sábados porque me divierte... pero sin ti no ha sido divertido.

Y después de comer he decidido echarme una siesta porque no había nada mejor que hacer. Y al despertar estaba tan atontado, y tan solo, que me he quedado en el sofá sin hacer nada, sin ver nada, sin escuchar nada, casi sin respirar.

Hasta que ha caído la noche y me ha encontrado donde siempre. Y entonces la soledad, que había estado mirándome a través de las ventanas durante todo el día, se ha atrevido a colarse en casa para convertirse en mi sombra, para respirar su aliento fétido sobre mi nuca, para sentarse a mi lado y mirarme sin ojos... y hablarme sin labios, sin voz, sin sonido alguno. Y entonces he caído en la cuenta: no recordaba lo silenciosa que puede llegar a ser esta casa... cuando tú no estás aquí.

A veces llevo muy mal estas noches de soledad...


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