Madrid
Han pasado ya un par de días y he tenido un poco de lío. Pero todo ha vuelto ya a su cauce, así que ahí va lo que anuncié: para empezar, el fin de semana en Madrid ha sido estupendo. Corto, cortísimo, pero estupendo. He vuelto totalmente entusiasmado y gratamente sorprendido.
El viaje de ida fue un poco pesado, a pesar de la música agradable, eso de ir en coche durante tantas horas se puede llegar a hacer interminable e insoportable a partes iguales. Pero al final siempre se llega al kilómetro cero...
Lo que más me ha gustado ha sido recuperar la capacidad de sorpresa, haber tenido ganas de fotografiarlo todo, el poder sentirme un paleto al que todo le parece grande, tener que volver a mirar hacia arriba para abarcar la vista completa de los edificios, descubrir en cada esquina algo nuevo o algo que ya había visto en películas o en la tele.
No me importa haber caminado hasta la saciedad: el metro llega a todas partes, pero bajo tierra no disfruta uno mucho de las vistas. Además, he podido comprobar porqué no aconsejan entrar o salir del vagón antes del silbato: puede que uno se quede dentro del vagón y el otro fuera...
Vuelvo, además, con una sensación de plenitud. Creo que no me he perdido nada: está todo grabado en mi retina -además de en fotos digitales, por supuesto. Seguramente el que viva en Madrid y pase cada día por las mismas calles que yo he recorrido no entenderá muy bien el porqué de mi entusiasmo. Pero es un viaje que he disfrutado y que quiero repetir... Y que sé que voy a recordar toda la vida.

