Raffaella en mi casa
Una tarde de fiesta. Raffaella baila en mi casa. Y Madonna y la Naranjo. Suena a tarde de baile y de mariconeo, aunque no es así. Es una tarde, sobretodo, de Raffaella. Cuando llego a esa canción es el clímax. La escucho una y otra vez, sin parar. Me pone a tope. Me recarga las pilas. Me deja exhausto. Y Raffaella canta en mi casa, y Raffaella baila en mi casa. Tiziano sigue gritando con fuerza desde los altavoces y yo sigo dando vueltas sin parar por todo el comedor. Los vecinos tienen que estar ya hasta las narices. Pero no pienso parar. Necesito un rato más de subidón. Y Raffaella es mía, mía, mía. Y todo el vecindario escucha el repertorio que cantará para mí. Quiero que siga mi fiesta privada. Ahora la pongo en italiano, con mi cara de niño malo, sudando y jadeando. Pero con esa sonrisa malvada. La que dice que no pienso apagar la jodida música, porque Raffaella es mía y de nadie más. E Raffaella canta a casa mia, e Raffaella balla a casa mia, e non m'importa niente, non può entrare altra gente...


