Amigos como los míos
Calimero es único dando ánimos (aunque ha veces ha estado a punto de provocar que me suicidara metiendo la cabeza en el horno). He estado tres días con él y con Shrek. La verdad es que los quiero como si fueran mis propios hermanos. Supongo, porque nunca he tenido hermanos, así que no sé cómo se quieren los hermanos entre ellos. En fin, que me enrollo.
Han sido tres días magníficos. Lástima que no hayamos podido hacer más cosas, porque lo pasamos bien juntos. Pero otra vez será. Cuando no toque trabajar y estemos los tres libres.
El caso es que me he sentido bien. Como en casa. Acompañado. Pero no podía evitar echar algo en falta. Era como si yo estuviera a medias. No es culpa de ellos, por supuesto. Es cosa mía. Es un sentimiento de ausencia. Comprensible, por otro lado. La última vez que estuve con ellos, éramos cuatro. Y a veces la cabeza tiene momentos y memorias almacenados que decide revivir cuando le viene en gana.
La cama para mí solo. Pero me faltaba una mitad. El sofá para mí solo. Pero me faltaba una mitad. Alguien junto a mí sentado a la mesa. Alguien con quien compartir el postre.
Y encima las verdades como puños de Calimero. Que lo agradezco, por supuesto. Siempre es mejor oir la verdad, aunque no sea tan buena como lo que uno querría oir.
Imagino que cuando deje de echar de menos esa mitad, cualquier mitad, todo tendrá sentido y los momentos serán simplemente buenos momentos. Y no buenos momentos sin. Descafeinados y bajos en calorías. Por mi culpa, sí, por mi culpa. Tendría que disfrutar más. Todavía mucho más.
No sé lo que opinará Shrek, con el que no he podido hablar demasiado este fin de semana. Al fin y al cabo, el pobre ha estado trabajando y no era cuestión de que le llenara la cabeza con mis cosas cuando llegaba a casa. Porque reconozco que cuando me pongo en plan estoy-fatal-de-lo-mío, soy un poco coñazo y agotador, eso seguro, porque yo soy el primero que acaba exhausto.
El caso es que Shrek lo sabe todo. No me preguntéis cómo. Simplemente, lo sabe. Vale más por lo que calla que por lo que dice. Y eso precisamente es lo que me preocupa: que calla mucho.
No sé cómo lo habrán pasado ellos. Espero que bien. Y prometo que la próxima vez que nos veamos me van a tener que 'aguantar' menos y a pasarlo mejor.
Han sido tres días magníficos. Lástima que no hayamos podido hacer más cosas, porque lo pasamos bien juntos. Pero otra vez será. Cuando no toque trabajar y estemos los tres libres.
El caso es que me he sentido bien. Como en casa. Acompañado. Pero no podía evitar echar algo en falta. Era como si yo estuviera a medias. No es culpa de ellos, por supuesto. Es cosa mía. Es un sentimiento de ausencia. Comprensible, por otro lado. La última vez que estuve con ellos, éramos cuatro. Y a veces la cabeza tiene momentos y memorias almacenados que decide revivir cuando le viene en gana.
La cama para mí solo. Pero me faltaba una mitad. El sofá para mí solo. Pero me faltaba una mitad. Alguien junto a mí sentado a la mesa. Alguien con quien compartir el postre.
Y encima las verdades como puños de Calimero. Que lo agradezco, por supuesto. Siempre es mejor oir la verdad, aunque no sea tan buena como lo que uno querría oir.
Imagino que cuando deje de echar de menos esa mitad, cualquier mitad, todo tendrá sentido y los momentos serán simplemente buenos momentos. Y no buenos momentos sin. Descafeinados y bajos en calorías. Por mi culpa, sí, por mi culpa. Tendría que disfrutar más. Todavía mucho más.
No sé lo que opinará Shrek, con el que no he podido hablar demasiado este fin de semana. Al fin y al cabo, el pobre ha estado trabajando y no era cuestión de que le llenara la cabeza con mis cosas cuando llegaba a casa. Porque reconozco que cuando me pongo en plan estoy-fatal-de-lo-mío, soy un poco coñazo y agotador, eso seguro, porque yo soy el primero que acaba exhausto.
El caso es que Shrek lo sabe todo. No me preguntéis cómo. Simplemente, lo sabe. Vale más por lo que calla que por lo que dice. Y eso precisamente es lo que me preocupa: que calla mucho.
No sé cómo lo habrán pasado ellos. Espero que bien. Y prometo que la próxima vez que nos veamos me van a tener que 'aguantar' menos y a pasarlo mejor.

