Guapos y feos
Ahora resulta que los guapos no son guapos. O que lo son, pero no gustan. Esta semana he oído varias veces lo mismo. Que si a mí los guapos muy guapos no me gustan. Que si sí, que es guapo, pero no es mi tipo. Que si prefiero un feo que resulte guapo. Que si prefiero un guapo pero no taaan guapo.
Vamos a ver. Los guapos son guapos. Porque lo son. Porque la naturaleza ha sido más generosa con ellos que con cualquiera del resto de los mortales. Y no hay que darle más vueltas.
A mí siempre me han gustado los tíos muy normalitos. No me hace falta que sean guapísimos. No me atraen especialmente los ojos azules. Los rubios no me van. Prefiero un moreno con ojos verdes. O con el color de ojos que sea, pero que sean bonitos. No son los ojos, es la mirada. Es el encanto en la cara. Es una sonrisa matadora. Son pequeñas grandes cosas.
Pero eso es así porque es así y ha sido siempre. Para gustos, los colores. Que yo diga que, en general, los tíos rematadamente guapos no me atraen especialmente significa, simplemente, eso.
Jamás lo he usado como escudo de defensa. Y nadie debería hacerlo. Porque hay gente que cuando dice que los muy guapos no le gustan, realmente está diciendo que se muere por sus huesitos pero que piensa que un tío tan guapo como ese jamás se fijaría en él o ella.
Y de eso nada, monines. Que la vida da muchas sorpresas. Y uno puede pensar que no es gran cosa, pero seguro que hay alguien por ahí que se derrite cada vez que le o la ve.
Así que los guapos son guapos y lo serán siempre. Colin Firth es guapo. George Clooney es guapo. Y a ninguno de los dos les negaría una noche de pasión.
Pero para pasar a mayores, para algo más serio y más profundo, hace falta más. Y ese algo más que hace falta lo podemos tener todos. Guapos, feos, altos, bajos, gorditos o delgaduchos.
¿Y este post hacía falta? Pues parece que sí. Que hay quien todavía no se ha convencido...
Vamos a ver. Los guapos son guapos. Porque lo son. Porque la naturaleza ha sido más generosa con ellos que con cualquiera del resto de los mortales. Y no hay que darle más vueltas.
A mí siempre me han gustado los tíos muy normalitos. No me hace falta que sean guapísimos. No me atraen especialmente los ojos azules. Los rubios no me van. Prefiero un moreno con ojos verdes. O con el color de ojos que sea, pero que sean bonitos. No son los ojos, es la mirada. Es el encanto en la cara. Es una sonrisa matadora. Son pequeñas grandes cosas.
Pero eso es así porque es así y ha sido siempre. Para gustos, los colores. Que yo diga que, en general, los tíos rematadamente guapos no me atraen especialmente significa, simplemente, eso.
Jamás lo he usado como escudo de defensa. Y nadie debería hacerlo. Porque hay gente que cuando dice que los muy guapos no le gustan, realmente está diciendo que se muere por sus huesitos pero que piensa que un tío tan guapo como ese jamás se fijaría en él o ella.
Y de eso nada, monines. Que la vida da muchas sorpresas. Y uno puede pensar que no es gran cosa, pero seguro que hay alguien por ahí que se derrite cada vez que le o la ve.
Así que los guapos son guapos y lo serán siempre. Colin Firth es guapo. George Clooney es guapo. Y a ninguno de los dos les negaría una noche de pasión.
Pero para pasar a mayores, para algo más serio y más profundo, hace falta más. Y ese algo más que hace falta lo podemos tener todos. Guapos, feos, altos, bajos, gorditos o delgaduchos.
¿Y este post hacía falta? Pues parece que sí. Que hay quien todavía no se ha convencido...

