¿Quién dijo que yo no soy feliz?
Alguien me dijo hace poco que leyéndome daba la impresión de que yo era un tipo nostálgico, triste, atormentado y hasta casi un poco amargado. Nada más lejos de la realidad. O, bueno, es culpa mía, ciertamente.
Es como un cuadro de bifrontismo que sólo da una faz. La cara vista en este blog no es precisamente el anuncio de Signal. Y eso debería cambiarlo, es verdad. ¿Pero quién dijo que no soy feliz? Tengo mis cosas, claro. Ya lo habéis podido leer. Pero no estoy hundido en la mierda. Me levanto cada día con ganas de aprovechar el día, voy a trabajar, hablo con gente. En fin, vivo. E intento encontrar ratos de alegría y felicidad. Y, de hecho, los encuentro, claro.
Mi sonrisa Profidén existe. La llevo por las mañanas al trabajo, mientras camino escuchando música y cantando (bueno, lo admito, sólo haciendo playback). La llevo cuando hablo con mis compañeros, cuando vamos juntos a desayunar y nos reímos a carcajadas, tan fuerte que los de las otras mesas se nos quedan mirando con una medio sonrisa de incredulidad.
Soy un tío divertido. Sé que lo soy. Si no lo fuera, la gente no se reiría a mi lado. Y lo hacen. Y sé que la gente que me quiere, me quiere precisamente por eso.
Hay mucha gente a la que le estoy cogiendo cariño a través de este blog. A algunos ya mucho, mucho (mi niña guapaaaa). A otros demasiado (vosotros no, pero él ya sabe quién es). Y a la gente a la que le tengo cariño me gusta hacerle pasar un rato divertido también. No sólo agobiarles con mis manías, pensamientos y tragedias personales.
Así que hago una promesa. Intentaré sacar mi sonrisa de anuncio de dentífrico más a menudo. Por lo menos lo intentaré...


