Otros días vendrán (II)
Publiqué este poema el 10 de diciembre. Dos días después de terminar una historia que, vista con el tiempo, no ha sido nada. Un leve rasguño. Un poquito de agua oxigenada y listo. Como si jamás me hubiera rozado...
Ayer prometí que iba a sacar mi mejor cara, mi mejor sonrisa. Y estoy en ello. Por de pronto, tengo que empezar a vaciar mi almacén de cajas de sandías y de recuerdos cubiertos de polvo...
Estoy desempolvando el corazón. Y vaciando esos inmensos almacenes. Los del corazón. Estoy de mudanza, mandando todos los recuerdos a una zona alejada en el cerebro, allá por el hipotálamo. No sé, no tengo la dirección bien apuntada, porque no pienso ir a por ellos de nuevo. Yo simplemente los mando, sin billete de vuelta. Para que se instalen allí, se cubran de otros recuerdos, cojan polvo y mugre y no salgan más. Bueno, sólo en fechas señaladas...
Porque en los almacenes del corazón no puedo tenerlos. Porque yo tengo un defecto. Yo no dejo nunca de amar por completo. Yo siempre guardo un rescoldo, una brasa, unas trazas de cariño. Lo dicho, un defecto muy gordo.
Y aunque siempre estaré agradecido por lo que me enseñaron en la vida, por lo que viví junto a ellos, no pueden seguir ocupando plaza fija en mi corazón. Nada de eso. Todo ese espacio lo necesito para mí. Para los míos. El metro cuadrado está por las nubes. Y el precio del alquiler de los almacenes de mi corazón es demasiado alto como para permitirme que haya allí recuerdos cogiendo polvo.
Así que una sonrisa, una leve reverencia y saludo con la mano. Os váis, todos juntos.
El bloggero se queda. Por el momento. No me pregunten por qué. Ni siquiera yo lo sé muy bien. Será que no ocupa demasiado, qué sé yo...
Bueno, lo dicho. Otra vez. Una sonrisa, una leve reverencia. Saludo con la mano...
Míralos cómo se alejan. Todos juntitos. Y yo me quedo aquí. Calentito. Confuso pero feliz.
Ayer prometí que iba a sacar mi mejor cara, mi mejor sonrisa. Y estoy en ello. Por de pronto, tengo que empezar a vaciar mi almacén de cajas de sandías y de recuerdos cubiertos de polvo...
Otros días vendrán, será entendido
el silencio de plantas y planetas
y cuántas cosas puras pasarán!
Tendrán olor a luna los violines!
El pan será tal vez como tú eres:
tendrá tu voz, tu condición de trigo,
y hablarán otras cosas con tu voz:
los caballos perdidos del Otoño.
Aunque no sea como está dispuesto
el amor llenará grandes barricas
como la antigua miel de los pastores,
y tú en el polvo de mi corazón
(en donde habrán inmensos almacenes)
irás y volverás entre sandías.
el silencio de plantas y planetas
y cuántas cosas puras pasarán!
Tendrán olor a luna los violines!
El pan será tal vez como tú eres:
tendrá tu voz, tu condición de trigo,
y hablarán otras cosas con tu voz:
los caballos perdidos del Otoño.
Aunque no sea como está dispuesto
el amor llenará grandes barricas
como la antigua miel de los pastores,
y tú en el polvo de mi corazón
(en donde habrán inmensos almacenes)
irás y volverás entre sandías.
Pablo Neruda
"Soneto XCIX"
Cien sonetos de amor - Noche (1959)
"Soneto XCIX"
Cien sonetos de amor - Noche (1959)
Estoy desempolvando el corazón. Y vaciando esos inmensos almacenes. Los del corazón. Estoy de mudanza, mandando todos los recuerdos a una zona alejada en el cerebro, allá por el hipotálamo. No sé, no tengo la dirección bien apuntada, porque no pienso ir a por ellos de nuevo. Yo simplemente los mando, sin billete de vuelta. Para que se instalen allí, se cubran de otros recuerdos, cojan polvo y mugre y no salgan más. Bueno, sólo en fechas señaladas...
Porque en los almacenes del corazón no puedo tenerlos. Porque yo tengo un defecto. Yo no dejo nunca de amar por completo. Yo siempre guardo un rescoldo, una brasa, unas trazas de cariño. Lo dicho, un defecto muy gordo.
Y aunque siempre estaré agradecido por lo que me enseñaron en la vida, por lo que viví junto a ellos, no pueden seguir ocupando plaza fija en mi corazón. Nada de eso. Todo ese espacio lo necesito para mí. Para los míos. El metro cuadrado está por las nubes. Y el precio del alquiler de los almacenes de mi corazón es demasiado alto como para permitirme que haya allí recuerdos cogiendo polvo.
Así que una sonrisa, una leve reverencia y saludo con la mano. Os váis, todos juntos.
El bloggero se queda. Por el momento. No me pregunten por qué. Ni siquiera yo lo sé muy bien. Será que no ocupa demasiado, qué sé yo...
Bueno, lo dicho. Otra vez. Una sonrisa, una leve reverencia. Saludo con la mano...
Míralos cómo se alejan. Todos juntitos. Y yo me quedo aquí. Calentito. Confuso pero feliz.

