Quizás es verdad
Vale, a lo mejor me lo merezco. Quizás es verdad. Quizás el comentario de Paseante en mi artículo de ayer ha dado en el clavo y me ha removido mucho por dentro. Mucho más de lo que parecía. Sí, porque le he dado vueltas.
A lo mejor me lo merezco. O, mejor dicho, a lo mejor no merezco una respuesta. Por bocazas. O por idiota. O por ingenuo.
Por ir con el corazón en la mano. Es como llevar un cartel en la frente que diga "Eh, este es idiota, patéale el culo". Es como follar sin condón con un tío buenísimo al que te acabas de encontrar entre las rocas en una playa desierta. Vamos, tentador pero peligroso. Algo que nunca he hecho.
En cambio, esto otro. Pues ahí está. Mi patética actuación. Mi sinceridad absoluta. Quizás más de lo que yo tendría que decir. Quizás más de lo que nadie tendría que saber.
¿Comprender el silencio? Sí, claro, puedo comprenderlo. Al fin y al cabo, quizás merezco estar en vilo esperando una respuesta. Quizás merezco que me cueste horrores dormirme noche tras noche, dándole vueltas a la lavadora...
Quizás, sólo quizás, he sido lo suficientemente idiota como poner toda la carne en el asador... pero darle las tenacillas al de enfrente. ¡Que se quema la carne! ¿Voy a tener que meter la mano en el asador para quitarla? ¿A riesgo de achicharrarme?
Y es que todo se trata de poder. De tener poder sobre los demás. Porque la mano que mece la cuna es la mano que mueve el mundo. Y yo hace ya años que dejé de dormir en cuna. De hecho, hace días que dejé de dormir (por lo menos, de dormir bien).
Pero seguramente lo merezco. Por hacer las preguntas que no debí hacer. Por querer las respuestas que no debo conocer.
¿Sabéis? Me habría encantado hablar del día de hoy. Han pasado cosas importantes en mi trabajo. Pero no es eso lo que tengo en la cabeza. No es eso lo que se va a cruzar por mi mente en cuanto me meta en la cama. No me voy a dormir con una sonrisa en los labios. Sé que no.
Sin embargo, como dice la canción (no recuerdo cómo se llama) "Haz como yo. No te arrepientas nunca". Arrepentirse, jamás. Lo hecho, hecho está. La cultura popular es sabia. A lo hecho, pecho. Y yo siempre he sido un hombre de pelo en pecho.
Nada que reprochar. De verdad. Y si lo parece, lo siento. No es mi intención.
Al fin y al cabo, es mi vida lo que cuento. Sólo tengo la mitad de la historia, la mitad de la información. No conozco el juego completo. Por eso hablo así. Como dice mi querido Mofli, así me lo aprendí yo. Sólo sé explicar lo que me pasa a mí. No estoy en la cabeza de los demás...
A lo mejor me lo merezco. O, mejor dicho, a lo mejor no merezco una respuesta. Por bocazas. O por idiota. O por ingenuo.
Por ir con el corazón en la mano. Es como llevar un cartel en la frente que diga "Eh, este es idiota, patéale el culo". Es como follar sin condón con un tío buenísimo al que te acabas de encontrar entre las rocas en una playa desierta. Vamos, tentador pero peligroso. Algo que nunca he hecho.
En cambio, esto otro. Pues ahí está. Mi patética actuación. Mi sinceridad absoluta. Quizás más de lo que yo tendría que decir. Quizás más de lo que nadie tendría que saber.
¿Comprender el silencio? Sí, claro, puedo comprenderlo. Al fin y al cabo, quizás merezco estar en vilo esperando una respuesta. Quizás merezco que me cueste horrores dormirme noche tras noche, dándole vueltas a la lavadora...
Quizás, sólo quizás, he sido lo suficientemente idiota como poner toda la carne en el asador... pero darle las tenacillas al de enfrente. ¡Que se quema la carne! ¿Voy a tener que meter la mano en el asador para quitarla? ¿A riesgo de achicharrarme?
Y es que todo se trata de poder. De tener poder sobre los demás. Porque la mano que mece la cuna es la mano que mueve el mundo. Y yo hace ya años que dejé de dormir en cuna. De hecho, hace días que dejé de dormir (por lo menos, de dormir bien).
Pero seguramente lo merezco. Por hacer las preguntas que no debí hacer. Por querer las respuestas que no debo conocer.
¿Sabéis? Me habría encantado hablar del día de hoy. Han pasado cosas importantes en mi trabajo. Pero no es eso lo que tengo en la cabeza. No es eso lo que se va a cruzar por mi mente en cuanto me meta en la cama. No me voy a dormir con una sonrisa en los labios. Sé que no.
Sin embargo, como dice la canción (no recuerdo cómo se llama) "Haz como yo. No te arrepientas nunca". Arrepentirse, jamás. Lo hecho, hecho está. La cultura popular es sabia. A lo hecho, pecho. Y yo siempre he sido un hombre de pelo en pecho.
Nada que reprochar. De verdad. Y si lo parece, lo siento. No es mi intención.
Al fin y al cabo, es mi vida lo que cuento. Sólo tengo la mitad de la historia, la mitad de la información. No conozco el juego completo. Por eso hablo así. Como dice mi querido Mofli, así me lo aprendí yo. Sólo sé explicar lo que me pasa a mí. No estoy en la cabeza de los demás...

