Reseco por dentro

O a lo mejor estoy reseco por dentro. Sin emociones. Sin alegrías. Sin ganas de llorar. Quizás la primavera llegó muy pronto y ahora que el mal tiempo se ha instalado aquí, se me ha resfriado el corazón.
O a lo mejor es que yo mismo estoy en los almacenes de mi propio corazón, totalmente vacíos de sentimientos y recuerdos. Donde paseo aburrido entre cajas de sandías cubiertas de polvo. Buscando un recuerdo. O un presente. O una emoción rezagada. O un dolor enorme que me active el cerebro y me haga despertar.
Porque quizás estoy dormido. Porque no me importa ni me interesa que me digan que no estoy a la altura. No percibo eso como una presión. No sabía que una de las reglas no escritas del amor indicaba claramente que hay que estar a la altura. Pero, ¿a qué altura?
Porque, últimamente, no sé si llevo la coraza por fuera o por dentro. Pero me parece otear que no me importa demasiado lo que los demás -lo que ciertos demás, mejor dicho- piensen de mí. Me da igual que hablen en corrillos. Y me da igual lo que hablen, la verdad.
O a lo mejor es, simplemente, que el silencio en esta habitación es tan grande que oigo el latido de mi propio corazón y la respiración acompasada que hace que tu pecho suba y baje con un movimiento rítmico y suave que me ha tenido hipnotizado mirándote durante minutos largos y deliciosos.
Porque a lo mejor te amo de verdad, con todas mis fuerzas. O a lo mejor estoy reseco por dentro. No lo sé. Quizás, simplemente, tengo sueño. O quizás, simplemente, sigo soñando.
Voy a tocarte. Para saber que eres de verdad. Que estás aquí. Que el cepillo de dientes que hay en el baño, junto al mío, lo trajiste tú convencido de que querías volver a verme.
Voy a tocarte. Tengo que saber que no estoy soñando. Empiezas a despertarte...

