El Sr. Independiente y sus proyectos de futuro

Supongo que conocéis la historia del pájaro ese que vivía en una jaula de oro, ¿no? Pues eso mismo. A mí no me gusta vivir solo.
Nunca he sido el Sr. Independiente. Incluso ha habido épocas en que he sido demasiado dependiente. Y aunque cuesta, uno encuentra su propio espacio. Y me he acostumbrado a vivir solo. Claro, por cojones. Después de un año, a uno le parece normal llegar a casa y que todo esté en silencio. Se vuelve normal que las cosas no se desplacen misteriosamente por el piso sin saber quién las puso ahí. Se convierte en una costumbre que los platos decidan permanecer sucios en la pica hasta que yo me decido a lavarlos. O que la ropa haya dejado de ser automática -porque antes dejaba la ropa sucia en el suelo de la habitación y a los dos días aparecía lavada y planchada en el armario...
Pero no me gusta vivir solo. Porque las cosas son mejores cuando uno las comenta. Porque la televisión se disfruta más cuando tienes alguien al lado a quien acariciar de vez en cuando. Porque el cine es más divertido cuando las palomitas son para dos y cuando en la butaca de al lado hay una pierna contra la que poder apretar tu propia pierna.
Sí, ahora en casa mando yo. Hago lo que quiero y (casi) no tengo que dar explicaciones...
Pero no me gusta vivir solo. Ni caminar solo. Ni cocinar solo. Ni dormir solo.
Y aunque el futuro no me da miedo, y aunque la ciudad no me da miedo, preferiría poder compartir mi tiempo, mi intimidad y mis cosas -incluso las que no me gusta compartir- con alguien dispuesto a compartir su tiempo, su intimidad y sus cosas conmigo.
Así de sencillo... En el fondo soy un soso. Y un clásico. Y un soso.
jajaja

