Desconexión

Normalmente logro desconectar del trabajo en los fines de semana. Pero estos cuatro días han sido la desconexión total. No sé si cuando mañana vuelva al tajo, recordaré cómo se ficha, dónde está la oficina o qué contraseña tengo en el ordenador...
El sábado fue un día raro. Se anuló la comida y se anuló la cena. Paseaba por el centro de Barcelona y me crucé con Juan Ymedio (sí, sí, ese que he confesado que secretamente me da morbo). En persona es altísimo. Pero en la tele da más morbo, así que creo que lo borro de mi lista de mitos ocultos. Por la noche casi me duermo en el cine. Zodiac es larga y lenta. Pero la compañía valía la pena. Vuelvo a sentirme otra vez como si tuviera 17 años. La canción de Eurythmics no deja de sonar en mi cabeza.
El domingo, por fin, ¡playa! Y la compañía valía la pena (sí, vale, me repito, pero es que la compañía, de verdad de la buena, valía la pena).
El lunes -obvio ya lo de que la compañía valía la pena, porque se sobreentiende- se me caía la baba. Y él ya sabe por qué...
Por la tarde, después de mucho tiempo, una de esas grandes conversaciones con mi madre. Estoy al borde de una gran decisión. No la he tomado todavía, pero la estoy madurando. Y está la cosa ya avanzada. Me quedan un par de conversaciones más y entonces estaré listo para acabar de decidirme, aunque, interiormente, siento que ya sé qué voy a hacer. Y es una gran sensación. Llevaba tiempo dando vueltas al asunto y me parece que ya sé mi propia respuesta. Es un alivio. Aunque haya que cerrar los ojos y lanzarse al vacío sin pensar mucho más allá.
Hoy, básicamente, he descansado. Creo que necesitaba un día para recuperarme de tantas emociones. Me parece que tendría que haber empezado este post diciendo "Querido diario", porque me ha quedado un poco Ana Frank (pero sin nazis rondando).
Vuelvo a la carga. Mejor dicho, voy a ver a mi médico favorito, un sueñecito reparador y mañana vuelvo a la carga. El miércoles también será un gran día. De momento, ¡vaya semanita llevo!

