Hagámoslo breve...
Pobre Panto
Leo en un periódico digital que lo de 'TodosconlaPantoja.com' no era real. Que lo de las pulseritas y los mensajes de apoyo y lo de dejar el e-mail para formar parte de la lista de afortunados compradores en apoyo a la folclórica no era más que un experimento de márketing ideado por dos periodistas de EITB. Pobre Panto: ella ya se había hecho ilusiones. Pues parece que no, que no habrá recogida de firmas para que Isabel consiga un indulto.
Los ojos de Paul
Hollywood anda revuelto: Paul Newman anuncia su retirada del cine. El día que Paul cierre esos dos ojos azules, la luz del sol perderá buena parte de su intensidad. Yo quiero llegar a los 82 en las mismas condiciones que Newman. Aunque sin fabricar salsas, si puede ser.
Mi padre, el vaquero
Esta misma semana se cumplían 100 años del nacimiento de John Wayne. Siempre que oigo hablar de John Wayne, mi pensamiento viaja hacia mi padre. John Wayne es, sin duda, el ídolo de mi padre, a quien no le gusta el cine, pero que puede tragarse enterito y sin dudar cualquier western protagonizado por el bueno de John.
Desligado
Tengo un sentimiento de desarraigo. El poder de la mente es enorme, no me cabe duda. Ya no pertenezco a este lugar. Las caras con las que me cruzo por la calle ya no son tan amables. Vuelvo a ser un extraño. Vuelvo a sentir mis raíces en algún otro lugar. Oigo el grito del hogar. Dooorooothyyyy, Dooorooothyyyy... ah, no, que eso es del mago de Oz. Estoo, vuelvo a retomar el hilo: Oigo el grito del hogar. Fiiiineeeegaaaannn, Fiiiineeeegaaaannn. Mi casa me llama. Mi otra casa. Yo la echo cada vez más de menos y ella me llama cada vez más fuerte. Esto huele a regreso. Esto huele a vuelve a casa, vuelve. Pero sin Navidad y sin El Almendro.
Shopping XXL
Estoy en éxtasis. Me he comprado ropa. Ropa de mi talla. Ropa con la que no parece que estoy a punto de estallar. Gracias a H&M por sus camisas hawaianas, a Springfield por sus camisetas de algodón y a Kiabi, porque me comprenden y me aceptan. En definitiva, gracias por tener ropa de mi talla. Y Zara, lo de siempre, un asco: la república independiente donde los gorditos somos mal vistos y discriminados. Porque, por muy gay que uno sea, cuando se es (como yo) un ciudadano de talla algo superior a la media, tiene que dejarse lo del glamour en casa y conformarse con lo que encuentra. Y, aun así, voy a ir monísimo este verano. A ver si me hago fotos y os pongo alguna.
Una de piratas
Todas las películas deberían durar dos horas y media por lo menos. Teniendo en cuenta lo que cuesta una entrada de cine, es lo menos que podrían hacer por los espectadores. Después de la tarde de ayer, ya sé lo que hacen los piratas del Caribe en el fin del mundo. Es, básicamente, lo mismo que antes pero donde Cristo perdió el gorro.
La mística del fútbol
He recuperado (un poco, tampoco es cuestión de pasarse) mi afición por los partidos televisados de fútbol. El de ayer olía muy bien. Aunque quizás era por la barrita de incienso aroma de naranja. En cualquier caso, eso de mezclar el deporte y la espiritualidad está bien para un sábado por la noche casero.
Y va el sol y se va
Después de 35 minutos de coche, llegamos a la playa. El ritual habitual: caminar por la arena -que cuesta lo suyo-, escoger un hueco -que no ha sido nada difícil porque la playa en cuestión estaba prácticamente desierta-, estirar las toallas y, justo antes de podernos despojar de las camisetas, el sol se esconde. Así que, después de un ratito de contemplarnos mútuamente, charlar y pasar frío, nos hemos vuelto para casa. Por lo menos hemos echado la mañana.
Sagrada siesta
Los domingos por la tarde son el templo de la siesta. Que digo yo que la programación de sobremesa ya está pensada para que uno cabecee brutalmente en el sofá. Y lo bien que sientan esos 10 ó 15 minutillos en los que el mundo se pierde de vista y la modorra se apodera de cada uno de los órganos de tu cuerpo...
Leo en un periódico digital que lo de 'TodosconlaPantoja.com' no era real. Que lo de las pulseritas y los mensajes de apoyo y lo de dejar el e-mail para formar parte de la lista de afortunados compradores en apoyo a la folclórica no era más que un experimento de márketing ideado por dos periodistas de EITB. Pobre Panto: ella ya se había hecho ilusiones. Pues parece que no, que no habrá recogida de firmas para que Isabel consiga un indulto.
Los ojos de Paul
Hollywood anda revuelto: Paul Newman anuncia su retirada del cine. El día que Paul cierre esos dos ojos azules, la luz del sol perderá buena parte de su intensidad. Yo quiero llegar a los 82 en las mismas condiciones que Newman. Aunque sin fabricar salsas, si puede ser.
Mi padre, el vaquero
Esta misma semana se cumplían 100 años del nacimiento de John Wayne. Siempre que oigo hablar de John Wayne, mi pensamiento viaja hacia mi padre. John Wayne es, sin duda, el ídolo de mi padre, a quien no le gusta el cine, pero que puede tragarse enterito y sin dudar cualquier western protagonizado por el bueno de John.
Desligado
Tengo un sentimiento de desarraigo. El poder de la mente es enorme, no me cabe duda. Ya no pertenezco a este lugar. Las caras con las que me cruzo por la calle ya no son tan amables. Vuelvo a ser un extraño. Vuelvo a sentir mis raíces en algún otro lugar. Oigo el grito del hogar. Dooorooothyyyy, Dooorooothyyyy... ah, no, que eso es del mago de Oz. Estoo, vuelvo a retomar el hilo: Oigo el grito del hogar. Fiiiineeeegaaaannn, Fiiiineeeegaaaannn. Mi casa me llama. Mi otra casa. Yo la echo cada vez más de menos y ella me llama cada vez más fuerte. Esto huele a regreso. Esto huele a vuelve a casa, vuelve. Pero sin Navidad y sin El Almendro.
Shopping XXL
Estoy en éxtasis. Me he comprado ropa. Ropa de mi talla. Ropa con la que no parece que estoy a punto de estallar. Gracias a H&M por sus camisas hawaianas, a Springfield por sus camisetas de algodón y a Kiabi, porque me comprenden y me aceptan. En definitiva, gracias por tener ropa de mi talla. Y Zara, lo de siempre, un asco: la república independiente donde los gorditos somos mal vistos y discriminados. Porque, por muy gay que uno sea, cuando se es (como yo) un ciudadano de talla algo superior a la media, tiene que dejarse lo del glamour en casa y conformarse con lo que encuentra. Y, aun así, voy a ir monísimo este verano. A ver si me hago fotos y os pongo alguna.
Una de piratas
Todas las películas deberían durar dos horas y media por lo menos. Teniendo en cuenta lo que cuesta una entrada de cine, es lo menos que podrían hacer por los espectadores. Después de la tarde de ayer, ya sé lo que hacen los piratas del Caribe en el fin del mundo. Es, básicamente, lo mismo que antes pero donde Cristo perdió el gorro.
La mística del fútbol
He recuperado (un poco, tampoco es cuestión de pasarse) mi afición por los partidos televisados de fútbol. El de ayer olía muy bien. Aunque quizás era por la barrita de incienso aroma de naranja. En cualquier caso, eso de mezclar el deporte y la espiritualidad está bien para un sábado por la noche casero.
Y va el sol y se va
Después de 35 minutos de coche, llegamos a la playa. El ritual habitual: caminar por la arena -que cuesta lo suyo-, escoger un hueco -que no ha sido nada difícil porque la playa en cuestión estaba prácticamente desierta-, estirar las toallas y, justo antes de podernos despojar de las camisetas, el sol se esconde. Así que, después de un ratito de contemplarnos mútuamente, charlar y pasar frío, nos hemos vuelto para casa. Por lo menos hemos echado la mañana.
Sagrada siesta
Los domingos por la tarde son el templo de la siesta. Que digo yo que la programación de sobremesa ya está pensada para que uno cabecee brutalmente en el sofá. Y lo bien que sientan esos 10 ó 15 minutillos en los que el mundo se pierde de vista y la modorra se apodera de cada uno de los órganos de tu cuerpo...

