Sin baterías

Dos días luchando contra una gaestroenteritis es, además de incómodo, muy agotador. Estamos a miércoles (bueno, casi ya pasó) y estoy sin pilas para el resto de la semana.
El móvil está como yo: ha decidido morirse hace unos minutos. Pero el móvil se enchufa al cargador y listos. Lo mío es algo más complicado.
Además, parece que todos hemos decidido quedarnos fuera de juego a la vez. El coche no ha querido arrancar. Así que nada, llamada al servicio de asistencia en carretera, el ritual de las pinzas (ojalá todo fuera tan fácil) y hacia el taller. Lo mío, como digo, es algo más complicado.
Porque yo no me puedo enchufar a la corriente ni estoy todavía en garantía. El cuerpo humano es algo más exigente.
Creo que esta noche me voy a dar un capricho, me voy a mimar y a quererme más que de costumbre. A ver si así me recargo un poco.
El día duro será mañana. Será el que costará de pasar. El viernes ya es un paseo...
Y luego llegan ya esos dos días que sí que sirven, de verdad, para recargarse las pilas. Sobretodo por compartirlos con quien uno quiere compartirlos.
Mientras, sigo tarareando el Razones de Bebe: Te echo de menos, le digo al aire...

