Platos en un palillo chino

¿Habéis estado alguna vez en el circo? A mí me llevó por primera vez mi abuela, hace muchísimos años. Y en mi infancia fui varias veces al circo. Recuerdo que uno de mis números favoritos era el de ese tipo (no sé por qué lo recuerdo vestido como un chino) que hacía girar platos sobre un palo largo y delgado.
El tipo hace girar el plato y este gira y gira en equilibrio sobre el palo. Pero llega un momento en que la inercia se acaba y el plato empieza a tambalearse. Entonces, los niños del público gritan para avisarle de que el plato está a punto de caer. Y él, veloz, vuelve a darle impulso al plato para que gire y gire y así no se caiga.
Pues para mí la vida es algo parecido a ese número de circo. Todos tenemos platos girando a gran velocidad en equilibrio sobre palos largos y delgados.
Al fin y al cabo, se trata de eso, de mantener los platos girando, de darse cuenta de que algo empieza a tambalearse y hay que prestarle atención. O, en su defecto, de tener buenos amigos que te avisen de que se avecina la tragedia.
Hay gente que cree que la felicidad en la vida es que los platos giren siempre y que no se tambaleen nunca. Yo creo que se equivocan. Es inevitable que, de vez en cuando, se masque la tragedia. Que el plato empiece a frenar, que todo se tambalee y que esté a punto de caer y hacerse añicos.
Es totalmente inevitable. La felicidad no es que todo gire para siempre. La felicidad es conseguir que lo que se tambalea, vuelva a estabilizarse.
O, por lo menos, así lo veo yo, de toda la vida, como diría el bueno de Mofli.

