Notas de viaje
El viaje en coche fue un placer. La llegada a Madrid, mucho más sencilla de lo que pensábamos. Y no tardamos nada en encontrar el hotel. Y tras ducharnos y cambiarnos de ropa, nos echamos a la calle.
Sigo pensando que lo más estupendo de Madrid es que todo está muy cerca. Y para lo que no lo está, hay metro. Así que en una tarde lo vimos casi todo. TT hizo fotos por un tubo. Estaba como un niño pequeño. Le encantó la ciudad. Y se nos hizo de noche. Y Madrid empezó a mostrar su lado más mágico.
El sábado amaneció gris y lluvioso. Estuvo todo el día así. Pero eso hizo que el Retiro me pareciera aún más lánguido y romántico que de costumbre.
La Plaza Mayor casi vacía parecía aún más grande. La Gran Vía, atestada de gente, desaparecía bajo los pies de todo el mundo.
En la Puerta del Sol, al contrario que la última vez que estuve allí, no había demasiada parroquia, así que pudimos pasear a nuestras anchas. Eso sí, el kilómetro 0 siempre está bien custodiado.
Lo mejor de todo fue encontrar Jornada de Puertas Abiertas en el Congreso. Una oportunidad que no nos podíamos perder. Hicimos un poco de cola, pero valió la pena, la verdad. TT salió encantadísimo.
Ahora, con el cansancio en el cuerpo, pienso que en cada esquina del centro recuerdo una sonrisa. En cada tramo de esas calles hay una mirada cómplice entre los dos. Madrid nos ha dado la oportunidad de enamorarnos un poco más. Y de descubrir que, a veces, hay canciones que parece que hablen de ti.
Y ya tengo ganas de volver. Muchas ganas. Quizás en septiembre, quién sabe. Los planes están ahí.
Sigo pensando que lo más estupendo de Madrid es que todo está muy cerca. Y para lo que no lo está, hay metro. Así que en una tarde lo vimos casi todo. TT hizo fotos por un tubo. Estaba como un niño pequeño. Le encantó la ciudad. Y se nos hizo de noche. Y Madrid empezó a mostrar su lado más mágico.
El sábado amaneció gris y lluvioso. Estuvo todo el día así. Pero eso hizo que el Retiro me pareciera aún más lánguido y romántico que de costumbre.
La Plaza Mayor casi vacía parecía aún más grande. La Gran Vía, atestada de gente, desaparecía bajo los pies de todo el mundo.
En la Puerta del Sol, al contrario que la última vez que estuve allí, no había demasiada parroquia, así que pudimos pasear a nuestras anchas. Eso sí, el kilómetro 0 siempre está bien custodiado.
Lo mejor de todo fue encontrar Jornada de Puertas Abiertas en el Congreso. Una oportunidad que no nos podíamos perder. Hicimos un poco de cola, pero valió la pena, la verdad. TT salió encantadísimo.
Ahora, con el cansancio en el cuerpo, pienso que en cada esquina del centro recuerdo una sonrisa. En cada tramo de esas calles hay una mirada cómplice entre los dos. Madrid nos ha dado la oportunidad de enamorarnos un poco más. Y de descubrir que, a veces, hay canciones que parece que hablen de ti.
Y ya tengo ganas de volver. Muchas ganas. Quizás en septiembre, quién sabe. Los planes están ahí.
yo cuando me quedé sorprendida porque en la tele parece mucho más grande,peor bueno,mola!jeje
