Jo, tía, ¡qué fuerte!
Llego cansado de trabajar. En el portal está el vigía. Así llamo yo a un vecino de cierta edad que no debe tener otra cosa que hacer que sacarse una silla a la puerta del edificio y desde allí vigilar las entradas y salidas de todo el vecindario. Digo yo que entretenido estará, porque con 59 apartamentos que hay en el edificio verá entrar y salir de todo.
Bueno, pues el caso es que después de saludar al vigía, entro en el portal. La puerta de la calle está abierta y mientras espero el ascensor, llega una choni. Por estos barrios, ¿una choni? Pues sí, sí, es una choni.
El caso es que la choni, a la que llamaremos Jessy, llama al timbre y le contesta su amiga, la llamaremos Vero. Y esta es la conversación que yo tengo la oportunidad de escuchar mientras llega el puñetero ascensor, que parece que está bajando desde la luna, porque mira que tarda el jodío...
- Tía, ¿bajas?
- No tía, no puedo. Dice mi madre que tiene que salir y tengo que quedarme con mi hermano. Pero más tarde nos vemos.
- Bueno, pero tía, tengo que hablar contigo. ¿Sabes que me ha pasado? Que me ha dejado, tía...
- ¿Qué dices, tía? ¡Qué fuerte!
- Sí, tía, me ha dejado porque le gusta mi amiga.
- ¡Ay, tía, qué lástima, cómo lo siento!
- Pero es que no me lo ha dicho él. Lo sé porque me lo ha dicho su otra amiga, la Sara.
- ¿Qué dices, tía? ¡Qué fuerte!*
* Esta frase parece ser el comodín de la otra choni
que habla a través del interfono.
- Pues sí, tía. Y yo le dije a la Sara que si el Guille tenía huevos, que me lo dijera él mismo.
- ¡Qué fuerte, tía!
- Y al otro día me encuentro a la Sara con la Vane y la Sara me dice que el Guille me dejaba porque le gustaba otra. Y yo le dije "¿Que le gusta otra? ¿Y quién es?". Y la Sara me dijo que no me lo podía decir. Y la Vane al lado.
- ¡Qué fuerte, tía!
- Y entonces yo le dije a la Sara que ya sabía que el Guille estaba por la Vane. Y la otra se hacía la loca...
- ¡Jo, tía, qué fuerte me parece!
Por suerte para mí, el ascensor llega, entro dentro y aprieto el botón del 4º piso.
Y es que hay cosas que no cambian. A los 17, a los 25, a los 33 o a los 40, las cosas del corazón siguen siendo nuestro mayor dolor de cabeza. O, por lo menos, el que más nos cuesta resolver...
Bueno, pues el caso es que después de saludar al vigía, entro en el portal. La puerta de la calle está abierta y mientras espero el ascensor, llega una choni. Por estos barrios, ¿una choni? Pues sí, sí, es una choni.
El caso es que la choni, a la que llamaremos Jessy, llama al timbre y le contesta su amiga, la llamaremos Vero. Y esta es la conversación que yo tengo la oportunidad de escuchar mientras llega el puñetero ascensor, que parece que está bajando desde la luna, porque mira que tarda el jodío...
- Tía, ¿bajas?
- No tía, no puedo. Dice mi madre que tiene que salir y tengo que quedarme con mi hermano. Pero más tarde nos vemos.
- Bueno, pero tía, tengo que hablar contigo. ¿Sabes que me ha pasado? Que me ha dejado, tía...
- ¿Qué dices, tía? ¡Qué fuerte!
- Sí, tía, me ha dejado porque le gusta mi amiga.
- ¡Ay, tía, qué lástima, cómo lo siento!
- Pero es que no me lo ha dicho él. Lo sé porque me lo ha dicho su otra amiga, la Sara.
- ¿Qué dices, tía? ¡Qué fuerte!*
* Esta frase parece ser el comodín de la otra choni
que habla a través del interfono.
- Pues sí, tía. Y yo le dije a la Sara que si el Guille tenía huevos, que me lo dijera él mismo.
- ¡Qué fuerte, tía!
- Y al otro día me encuentro a la Sara con la Vane y la Sara me dice que el Guille me dejaba porque le gustaba otra. Y yo le dije "¿Que le gusta otra? ¿Y quién es?". Y la Sara me dijo que no me lo podía decir. Y la Vane al lado.
- ¡Qué fuerte, tía!
- Y entonces yo le dije a la Sara que ya sabía que el Guille estaba por la Vane. Y la otra se hacía la loca...
- ¡Jo, tía, qué fuerte me parece!
Por suerte para mí, el ascensor llega, entro dentro y aprieto el botón del 4º piso.
Y es que hay cosas que no cambian. A los 17, a los 25, a los 33 o a los 40, las cosas del corazón siguen siendo nuestro mayor dolor de cabeza. O, por lo menos, el que más nos cuesta resolver...


