Plan B
El sonido del teléfono me suele poner los pelos de punta. Una llamada inesperada, o a deshoras, nunca es buena señal. No me gustan los números desconocidos, los privados, los ocultos y demás anomalías... Como digo, me ponen el vello de punta. Porque seguro que no pueden traer nada bueno.
Hoy ha vuelto a pasar. Dos llamadas. Totalmente inesperadas. De números desconocidos para mí. Y una mala noticia. La misma. Que, además, para más recochineo, me ha llegado por dos vías diferentes. En resumen, una mala noticia y, además, confirmada: ha fallado el plan A.
Bueno, pues mirémoslo por el lado positivo: que se va un tren, pero ya vendrá otro. Y cuando se cierra una puerta, se abre un ventanal. Así que habrá que poner en marcha la maquinaria de mi oxidado cerebro para empezar a idear un plan B.
Que Dios nos pille confesaos...

