De enfados y pequeños placeres

Esta tarde me he enfadado. Conmigo. Con TT. Con el mundo. Con la vida. Me he puesto a pensar... y eso que siempre me advierten que pensar nunca ha traído nada bueno a nadie. A darle vueltas a la cabeza. A reprocharme a mí mismo una decisión tomada en 1997. A preguntarme si el paso que decidí dar en 2003 fue correcto o no. Si los caminos que he tomado eran los que debía tomar o no...
Y me he enfadado. Sobretodo conmigo por ser como soy. Por haber hecho lo que he hecho. Por haber elegido lo que he elegido. Por amar a TT como le amo. Por desear tanto estar con él y necesitar sentir su tacto cerca de mi piel.
Total, frustración en estado puro. Un bajón.
Una infusión de hibisco con manzana y canela y una barrita de incienso suavizando el ambiente. Eso ha sido todo lo que he necesitado para superar el bache. Pequeños placeres que me han hecho volver a entender que las decisiones tomadas, tomadas están. Y que nada se puede hacer por cambiarlas.
Pero, ante todo, me han hecho darme cuenta de que todo lo vivido, todo lo pasado, todos los errores y los aciertos, me han convertido en quien soy hoy. Y me han traído todo lo que hoy tengo.
Y tengo muy claro que lo que soy y lo que tengo no los cambio por nada en el mundo.
Por nada.

