Cosas pequeñas

Hoy he vuelto a ponerme a pensar mientras volvía del trabajo en el coche. Y se me ha cruzado por la cabeza un pensamiento que he querido retener y convertir en un post. Y era un pensamiento, precisamente, sobre los posts y los blogs.
Y es que mientras volvía del trabajo he llegado a la conclusión, después de discutirlo conmigo mismo, que mi blog, al igual que muchos otros blogs, está hecho de posts pequeños, sobre cosas pequeñas...
Porque, al fin y al cabo, eso es la vida. Cositas pequeñas. Pequeñas alegrías. Pequeñas decepciones. Vamos, que no todos los días se casa uno, o lo operan a corazón abierto, o lo ascienden de categoría en el trabajo, o le toca la lotería, o se divorcia, o está a punto de matarse en un accidente de tráfico, o se le muere alguien querido, o conoce al amor de su vida...
Que sí. Que esas cosillas también pasan. Que en los blogs también hay grandes momentos. Pero, normalmente, y ahora hablo por mi experiencia propia, uno escribe de sus pequeñas cosas. De su viaje cotidiano de ida y vuelta al trabajo mientras escucha música metido en el sempiterno (¡toma palabreja culta!) atasco. O de sus gripes, resfriados, dolores de cabeza y dolencias varias. O del ruido que hace el vecino de arriba. O de lo mucho que uno está enamorado.
Porque, afortunadamente, la vida no siempre es un clímax contínuo. Por suerte, está llena de cositas pequeñas que le dan a uno un respiro. Y es que ya lo dice la sabiduría popular (que además de popular, es sabia). No hay mal que cien años dure... ni cuerpo que lo resista.

