Desnudez (Romanticismo tecnológico)

Este es mi móvil. Mejor dicho, no es MI móvil, sino que es la foto de un móvil igual que el mío. Un Motorola V600. El mío tiene ya, por cierto, unos cuantos años (sí, queridos, soy un tío fiel, y eso incluye fidelidad a mis cositas cotidianas).
Aunque, las cosas como son, le va tocando ya cambio. La batería está agotada de trabajar, así que creo que la jubilo. Y ya que tengo puntos, ofertas, cantos de sirena, duros a cuatro pesetas (uys, qué antigua suena esta expresión ahora) y todas esas cosas que ofrecen las compañías de telefonía móvil, pues he decidido cambiar de aparato. De aparato de telefonía móvil, se entiende.
Pero no era esa la cuestión. La intención de este post tampoco es, aunque alguno haya podido pensarlo, venderos mi viejo móvil. No, ni mucho menos. Con el cariño que le he cogido, lo dejaré guardadito en mi caja de las cosas queridas, junto con mis viejas gafas, algunas cartas, fotos y esas cosas. Vamos, lo típico que se tiene en una caja que está bajo la cama cogiendo polvo y que uno sólo recuerda cuando tiene mudanza.
Bueno, tres párrafos y aún no he ido al grano del post. El caso es que hoy mi móvil se ha quedado en casa. Y yo he salido. Algo que no suele ocurrir, porque solemos ir juntos a todas partes. Como la puta y la Ramoneta. Pero hoy me he levantado demasiado adormilado, lo he dejado sobre la mesa (algo que no suelo hacer habitualmente)... y ahí se ha quedado. Porque yo he salido de casa con la sana intención de ir a trabajar (¡que hay que levantar el país, leñe!) y no me he acordado del bendito móvil.
Lo cual ha sido un error, porque me he pasado toda la mañana con esa pegajosa sensación de "me-he-olvidado-algo". Incluso después de buscar en el bolsillo de mi abrigo y comprobar que, efectivamente, había olvidado el móvil en casa. Seguía con la sensación pegada al cuerpo. Me he olvidado algo. Me he olvidado algo.
Y me sentía extraño, como desprotegido, casi desnudo. Y, claro, la típica confusión. Como suelo mandarle un SMS matutino a TT todos los días, hoy el pobre se ha extrañado de no recibir nada. Así que me ha mandado él a mí un SMS. Pero no he contestado. Claro. Porque el móvil estaba en casa. Y cuando he salido del trabajo me ha llamado. Pero, claro, el móvil estaba en casa, así que he visto la llamada perdida al llegar.
Y luego lo típico. ¿Qué ha pasado con el móvil? ¿Te has quedado sin batería? Y yo "que nooo, que me lo he dejado en casaaaa".
Pero no me ha gustado esa sensación de desarraigo y desamparo. No me gusta depender tanto del móvil. Aunque, claro, no me queda más remedio, teniendo en cuenta que mi futuro marido y yo estamos separados por unos 100 kilómetros...
¿Qué sería del amor sin móviles?...
Tags: amor, dependencia, tecnología
molts petonets!

