Poco que contar (y pocas ganas de hacerlo)
Lo primero y más importante: POR FIN se acabaron las fiestas...
La Nochevieja fue, digamos, curiosa. Pero la pasé con quien quería. Y me comí todas las uvas sin tener que masticar huesecillos. Acabé durmiendo en un sofá -y es que la programación televisiva esa noche está diseñada para hipnotizar al más hiperactivo- para después despertarnos a las 5 de la mañana y llevar al hermano de TT al aeropuerto. Vuelta a casa y un ratito más a la cama. Año nuevo, sueño atrasado...
Recibimos el año comiendo con mis padres. Mi madre está encantada con los niños, aunque la verdad es que estaba un poco p'allá la mujer, porque desde hace unos años no le gustan nada las Navidades, se acuerda de mi abuela y se pone toda triste. Y a mí, que tampoco me gustan estas fiestas, me pone triste que ella esté triste y rancia...
Al día siguiente nos llevamos a los niños a Port Aventura. Ellos se lo pasaron genial. Nosotros casi mejor que ellos, jejeje. Aunque nos llovió los dos días nos dio igual. Nos montamos en todo. Y con el miedo que me dan a mí las alturas, a TT no se le ocurrió otra cosa que pedirme que lo acompañara a la famosa caída libre... Mi grito desesperado mientras me precipitaba al vacío aún resuena por Salou.
Al volver, día agitadísimo acabando de ultimar los detalles. El niño pequeño que quiere la DS y resulta que está agotada en todas partes. ¿Agotada? ¡Agotadísima! Vamos, ni que hubiera hecho la maratón de Nueva York. Al final la encontramos y a buen precio. Que ya me veía yo fabricando una DS falsa con cajas de cartón a ver si colaba. Aunque me da a mí que no, que el niño no es tonto...
El sábado, parque de atracciones. Entre Port Aventura y esto, más de 300 fotos hice.
Y por la noche, cabalgata. Intento de linchamiento (mi marido lo explica en su blog) por las marujas desesperadas que son capaces de sacarte un ojo por pillar caramelos. Yo pensaba que las chonis se reformaban a cierta edad. Pero no, oiga. Hay mujeres maduras que son igual de chonis que las que salen los fines de semana a las discotecas de polígono.
El domingo vinieron los Reyes. A los niños les trajeron lo que habían pedido. Y debemos haber sido muy buenos, porque no trajeron ni pizca de carbón. Eso sí, mi mejor regalo ha sido que por fin, por fin, por Dios, por fin... se acabaron las fiestas.
PD. Jo, pues no había tan poco que contar como yo creía...
La Nochevieja fue, digamos, curiosa. Pero la pasé con quien quería. Y me comí todas las uvas sin tener que masticar huesecillos. Acabé durmiendo en un sofá -y es que la programación televisiva esa noche está diseñada para hipnotizar al más hiperactivo- para después despertarnos a las 5 de la mañana y llevar al hermano de TT al aeropuerto. Vuelta a casa y un ratito más a la cama. Año nuevo, sueño atrasado...
Recibimos el año comiendo con mis padres. Mi madre está encantada con los niños, aunque la verdad es que estaba un poco p'allá la mujer, porque desde hace unos años no le gustan nada las Navidades, se acuerda de mi abuela y se pone toda triste. Y a mí, que tampoco me gustan estas fiestas, me pone triste que ella esté triste y rancia...
Al día siguiente nos llevamos a los niños a Port Aventura. Ellos se lo pasaron genial. Nosotros casi mejor que ellos, jejeje. Aunque nos llovió los dos días nos dio igual. Nos montamos en todo. Y con el miedo que me dan a mí las alturas, a TT no se le ocurrió otra cosa que pedirme que lo acompañara a la famosa caída libre... Mi grito desesperado mientras me precipitaba al vacío aún resuena por Salou.
Al volver, día agitadísimo acabando de ultimar los detalles. El niño pequeño que quiere la DS y resulta que está agotada en todas partes. ¿Agotada? ¡Agotadísima! Vamos, ni que hubiera hecho la maratón de Nueva York. Al final la encontramos y a buen precio. Que ya me veía yo fabricando una DS falsa con cajas de cartón a ver si colaba. Aunque me da a mí que no, que el niño no es tonto...
El sábado, parque de atracciones. Entre Port Aventura y esto, más de 300 fotos hice.
Y por la noche, cabalgata. Intento de linchamiento (mi marido lo explica en su blog) por las marujas desesperadas que son capaces de sacarte un ojo por pillar caramelos. Yo pensaba que las chonis se reformaban a cierta edad. Pero no, oiga. Hay mujeres maduras que son igual de chonis que las que salen los fines de semana a las discotecas de polígono.
El domingo vinieron los Reyes. A los niños les trajeron lo que habían pedido. Y debemos haber sido muy buenos, porque no trajeron ni pizca de carbón. Eso sí, mi mejor regalo ha sido que por fin, por fin, por Dios, por fin... se acabaron las fiestas.
PD. Jo, pues no había tan poco que contar como yo creía...
Tags: egopost

